AGAMENÓN
(Me fui al centro y te compré una china)
1. Guayaquil
Agamenón: Me enamoré. De una hermosa muchacha. Muy hermosa. Y con el tiempo nos casamos. Muy felices. Los dos aceptamos sin ningún tipo de obligación el matrimonio. Hasta ahí bien. Hasta ahí. Porque ya casados todo se puso mal. Sobre todo cuando descubrí que a esta muchacha no le gusta hacer "NADA". No hacía "NADA" en la casa. No le gustaba hacer absolutamente "NADA" en casa. Una vaga en potencia. No sabe cocinar. No sabe lavar. No sabe planchar y lo más grave: no limpia. No se limpia. Es una completa mugrosa. El problema es que hoy en día ya no se le puede “pegar a una mujer” aunque sea una mugrosa. Y con “pegar” no digo “agredir” solo darle un manotón algo que la despierte y es una lástima. Ella se aprovecha de eso y de que sigo enamorado. Después del trabajo antes de regresar a casa siempre tengo que desviarme. Irme a caminar por ahí. Para gastar energía. Energía que tengo contenida de estar sentado todo el día. Energía que me quema la frente, los dedos, todo... Así que después de la jornada para calmarme un poco me voy a caminar. Camino y camino después de ocho horas de trabajo. Camino sin rumbo. Camino hasta quedar completamente deprimido. Muy deprimido. Y así muy deprimido llego a la casa, a ejercer mi rol en la vida familiar. (Piensa) Y así los días. Pero esta vez pasó algo diferente. Cambié y preferí caminar hacia el centro. Dar un paseo por el centro ya que me pagaron el "décimo". Algo muy poco. Una mierda. Pero me lo dieron completito. Y me animé. Me llené de buen ánimo. Un ánimo como nunca me embargó anteriormente y quería hacer con mi dinero lo que se me diera la gana, lo que se me diera la real gana. Así que sin pensarlo dos veces: enfilé para el centro.
2. El centro
Agamenón: A penas voy llegando me quedo sorprendido. Sorprendido por la cantidad de chinos que veo por todos lados. Chinos copando el centro de la ciudad, atendiendo en todos los mostradores. Chinos vendiendo bicicletas, chinos vendiendo juguetes, chinos vendiendo adornos, chinos electrodomésticos, chinos chucherías, chino vendiendo comida, maletines, animales, humanos... etcétera y etcétera y etcétera. Todo siendo vendido por chinos y chinas. Chinos y chinas trabajando todo el día sin descanso. Sorprendido y admirando la situación se me ocurre algo. Se me prendió el foco. Decido hablarle a una muchacha, una chinita que venía caminando para que vaya a trabajar a mi casa, en Samanes, porque mi mujer no sabe hacer nada. Y eso le dije a la china: Mi mujer no sabe hacer nada, necesito una mujer trabajadora, mi mujer incluso me exige plata para gastos personales porque después de casarnos renunció a su trabajo la muy infeliz. La china desconfiada me esquivó y aceleró, pero rápidamente me metí la mano al bolsillo y saqué unos billetes. Un fajo de billetes. Ella entonces frenó y maravillada entendió todo, la china es rápida y para nada tonta (Pausa). Imaginé el momento en que entrando a casa con la chinita al lado yo diría "Mi amor, me fui al centro y te compré una china..." para que haga las cosas de la casa, porque tú no sabes hacer nada, la china sabe hacer muchas cosas, casi todas. Mi mujer no lo va a poder creer, saltaría del entusiasmo. Remataría diciendo que el mismísimo padre de esta muchacha me la ha vendido. Así se queda tranquila y no pregunta. También le diría que estuve conversando con ella antes de volver a la casa, y que por eso llegaba tarde. Para conocerla un poco. No voy a meter cualquier desconocida. Por eso agarré a la chinita y me la llevé al parque. Al Parque de las Iguanas a conversar. Y nos sentamos a conversar. Conversar entre iguanas.
3. Parque de las Iguanas
Agamenón: Al llegar ella se acomoda en una banqueta para pasar el rato. Y saca una cámara fotográfica muy pequeña. Pequeñita. Con la que empieza a tomar fotos como loca, toma fotos a las iguanas. A iguanas intrascendentes, que lo único que saben es dar vueltas y vueltas en este mismo sitio. A cada rato. Todos los días. Miserables iguanas que están acostumbradas a este mismo lugar y que no se irían nunca a pesar de tener las puertas del parque abiertas. La china había sacado una camarita hiper-pequeñita portátil, del bolsillo y tomó casi mil fotos en tan solo dos segundos. Luego como por arte de magia no vi más la cámara, se la había guardado rápidamente en el bolsillo, es que era "de bolsillo" la cámara. Ya en confianza la china me contó que sabe hacer algunas cosas. Sabe música, pintura, escritura, danza. Esta china es un misterio pensé. Me confesó que habla idiomas. Sabe inglés, francés, italiano, griego, español, árabe y por supuesto chino. Eso me interesó mucho porque en casa tengo muchas cosas chinas todavía que no las termino de entender. Me alegré de haberla comprado. Me anoté un punto a mi favor. Me puse contento y quise celebrar con unas cervezas. Mejor dicho: con una jaba de cerveza, jaba que me la quería beber ¡con la china!
4. Tienda
Agamenón: Ya en la tienda ella me dice que no bebe y yo le digo que se siente allí y beba. Que tiene que hacer lo que yo le diga. Ya estaba la jaba pagada así que tenía que beber conmigo porque yo no lo iba a hacer solo. No celebraría solo. No puedo. Yo no soy un magnate. No soy un dueño de empresas, ni tengo un despacho enorme para encerrarme a beber solo al final del día. Yo tengo que beber en una tienda, acompañado... viendo la gente pasar o viendo la vereda. La china me miró con indiferencia, con desprecio; pero luego empezó a beber. Para romper el hielo le conté unos cachos. De pepito. Chistes de escuela de esos muy fáciles de entender para su cerebrito. Le conté tres chistes cortitos. (Pausa) Pero no los entendió. A penas si sonreía la desgraciada. Ni un chiste de mierda entendió y eso que hice todo lo posible para que me interpretara. Con gestos y todo, le hablaba lento. Fue incapaz de entender la ironía, el cinismo ¡El puto doble sentido! ¿Qué pasa en la China? ¿Solo un sentido tienen las cosas? ¿No hay nada doble? ¿Las calles van solo en un sentido? ¿Su vida solo concibe un solo miserable sentido? ¿Tan limitados son? Hacen computadoras vídeo juegos ¡¡planchas!! pero un chiste no entienden... ¡Me dan pena! ¡Una pena grande! Y así con pena no se puede beber y devolví toda la jaba. "Así no puedo beber" le grité a la señora de la tienda. Ella dijo que no le interesaba mi situación y no me reembolsaría nada lo que ya había pagado. Me importó una mierda. No me devuelvas una mierda le dije, me sobra la plata, estaba vehemente. Sentí un gran desafecto de su parte. Entonces me di cuenta que necesitaba otra cosa. Cambiar de ambiente, tenía que comprar algo. Así que agarré a la china del brazo y le dije "nos vamos shopping", te voy a comprar algo le dije... ¡Sí! Te compraré ¡un delantal nuevo! porque el delantal que tengo en casa es una porquería. Y nos fuimos.
5. Supermercado
Agamenón: El delantal de mi mujer es una porquería, está nuevo aun porque no lo utiliza nunca, pero es una porquería. Ese delantal tiene un diseño de loro ¡horrible! hiperrealista horrible, se les ven las patas asquerosas del loro de manera hiperrealista. Esas garras sucias y salvajes con plumas salvajes horribles. Hiperrealista horrible. Por eso estoy aquí con la chinita en el super para comprarle un delantal nuevo. Llegamos a la sección de delantales y vimos muchos. Con diseños interesantes. Pero ella no quiso ninguno. Creo que tenía vergüenza. Así que la hice para un costado y yo elegí por ella. Agarré uno de Tribilín. Estaba Tribilín con un sombrero de chef y el cucharón de madera en la mano ¡Lindo! Hasta que... empecé a dudar. Fuimos a los vestidores y se lo hice probar para ver si era de su talla. No iba a comprar cualquier cosa que no le quedara. Ella sin mayor problema se metió a un probador y salió al instante para que la vea ¿Y qué creen? ...le quedó ¡Era de su talla! ¡Como guante le calzó! Calcado para su cuerpo. Increíble porque lo elegí al ojo, esta china es la talla standard. Llévatelo puesto le dije. El Tribilín se está usando ahora ¡Está de moda y te sienta bien. (Pausa, ligera sonrisa) Comprando se me pasó la pena. Antes de ir a casa y presentarte a la inútil de mi mujer vamos a ir al cine, le dije. (Susurra) Es que hoy en el trabajo cobré el "décimo" y lo tengo todo aquí, en el bolsillo y como ya vengo haciendo lo que me da la gana -y eso me ha hecho sentir muy bien- quiero ir al cine ahora. Tengo ese capricho. Por cierto si llegamos al cine y hay una película china ¡nos la vemos! ¡Así aprendo algo de allá, carajo! ¡A ver qué chistes hacen!
6. Avenida 9 de Octubre
Agamenón: Salimos hechos unos demonios del super y bajamos por la 9 de octubre buscando el cine. Yo iba con los billetes en la mano tenía ganas de comprar mucho más, andaba feroz. No quería llegar a la casa con toda esta plata ¿Para qué? me preguntaba ¿Para qué me la quite mi mujer? Con el pretexto de las cuentas por pagar y la letra de la casa y todas esas mierdas. Porque cada vez que tengo plata en el bolsillo se vuelve una manipuladora ¡y yo hoy quiero hacer "la mía"! Gastar lo que se me plazca. Como cuando era soltero ¡Sí! Cuando era soltero vivía con mis viejos y hacía lo que me daba la perra gana. Ellos siempre me salvaban de cualquier cosa. Era lindo vivir con esa ventaja. No sé por qué dejaron que me case. Desde ese día soy otro, desde el día de mi casamiento tengo una vocecita interior que me taladra y me taladra, diciendo "ten cuidado” “tu mujer se enoja" "eso no le gusta". Una voz miedosa, bien maricona que me persigue por todos lados: “Hazle caso a tu esposa”. Y eso no iba conmigo, eso no va conmigo porque yo soy un tipo valiente... soy fuerte... ¡Yo soy Agamenón! ¡Soy Agamenón! ¡¡Agamenón carajo!! y este matrimonio solo me ha traído es ¡miedos! (Pausa) Pensé. (Pausa) En medio de la ira se me acerca un niño. Un paisanito. Con flores. Cinco o seis flores llevaba. "Flowers mister" "Flowers mister" me decía. Este paisanito no es un tontuelo, sabe en qué mundo vivimos. "One dollar" "One dollar mister" él lo sabe. ¡¡Dámelas todas!! Dije yo. Y violentamente se las arranqué de la manito. Agarré las cinco o seis flores que tenía el niño y se las di todas a la china, la china se lo merece; esta mujer merece todo, dije. Al paisanito lo perdí de vista, creo que no le pagué nada. Es que todo el panorama cambió, me puse "eufórico" en ese momento, estaba muy eufórico porque la china después de dos horas juntos al fin sonrió ¡Había sonreído! sonrió de oreja a oreja ¡Por fin un gesto! grité. Le gustaron las flores. Ella sonrió y los ojitos se le hicieron más chinos todavía. Que digo chinos se le hicieron ¡chinitos! ¡desaparecieron! Eran una sola línea. Apretó las flores con fuerzas y las tomó para si. Tan contento me puse porque había entendido algo: que a la china le gustan, las cosas que venden, los paisanitos (Pausa). Metámonos a ver una película de Hollywood nomás. Después de verla sonreír ya no me interesaba saber más nada de la china. Con esa sola acción me bastaba.
7. El cine
Agamenón: Deme los boletos más caros que tenga, le dije a la boletera. Habíamos llegado corriendo a la caja -Los de 3D, para que crea que está viviendo la historia dice la señorita, -Tengo para ofrecerle la sala VIP con unos sillones que tiemblan cuando las cosas se ponen jodidas. Ah... así también siento más miedo. No se hable más: deme dos boletos para la siguiente función -Ya está empezada la película. Pero entre nomás me fue empujando hacia la puerta de la sala -Va a entender, la historia es muy sencilla lo dijo mientras me arranchaba los billetes de la mano. Yo le creí y me mandé directo a disfrutar de esos sillones (Pausa). Y sí que tenía mucha razón en todo, porque me dieron unos sacudones esos muebles... sacudones que yo tanto necesitaba... y las balas me pasaban por las orejas con el 3D. Bala, bala y bala. Sacudón, sacudón y sacudón en toda la película, de inicio a fin. La historia nunca la pude entender bien, quizás si la veo desde el principio, pero será otro día. Cuando se encendieron las luces me doy cuenta que la chinita ni siquiera se había puesto las gafas 3D. Estaba dormidita. Arropadita con su buzo. Abrazadita a las flores. ¡¡Levántate!! le grité, estos boletos me salieron carísimos -Duelmo tamplano maniana tlabajo me responde la condenada. ¡¡¡Tú!!! ¡¡¡Trabajas para mí!!! Así que te vas a dormir a la hora que yo te diga: Y le solté una bofetada. ¡Pum! ¡Ni el combo te comiste! Otra bofetada. ¡Pum! Los canguiles todos tiesos salieron volando. La Coca-Cola cayó en la alfombra ¡¡Mierda!! ¡¡Se va arruinar la alfombra!! ¡Ahora mismo te pones a limpiar! ¡¡¡Y límpiala bien!!! Porque con todo el colorante que trae esa porquería de seguro me la hacen pagar como nueva. La chinita asustada salió corriendo de la sala. Me dejó solo. Ahí fue cuando caí en cuenta que nadie había visto la escena. Imposible que me echen la culpa de la alfombra. Así que salí corriendo yo también. Estas películas lo dejan a uno con energía de más.
8. Medianoche.
A la chinita la encontré sentada en la vereda, afuera del cine, sobre la 9 de octubre. Llorando. ¡Párate de allí estúpida! No ves que te pueden robar. O no les has visto la cara a esta gentuza que circula por aquí. Todos andan en algo malo sino ya estuvieran en sus casas descansando. Párate y camina antes que te vuelva a dar otra. -No conoco la noche me dice que no sabe nada de la noche... Camina que yo te explico, le dije muy decidido. Busquemos un policía para que nos acompañe, así estaremos seguros. Tienes que entender que esta gentuza que circula por aquí, sin ton ni son, sin rumbo fijo, que no tiene nada específico qué hacer, anda a la espera de algún descuidado para quitarle todo lo que trae. Lo que sea que traiga. Basta con que alguien esté descuidado para que se les active el instinto criminal. La chinita me iba escuchando y algo entendía. Hasta que por fin topamos con un policía y ya éramos tres. Los tres parados uno al lado del otro. Le pedí a la autoridad que me ayude a explicarle a esta china lo que era "el peligro" -Peligroso es estar sin trabajarsh dijo el policía -Porque la gente mientras no trabaja piensa en cosas malas. Esta chinita ha trabajado todo el día oficial ¿Usted cree que pueda tener pensamientos negativos? le pregunté. Él la miró. La miró de cerca -Mándela a dormirsh me dijo -Por si acaso, parece inofensiva... pero no se arriesgue que buena deducción pensé -O consígale trabajo nocturno si es que no quiere dormir. ¡Eso es oficial! La llevaré a mi casa y la haré trabajar toda la noche. Desocupada no quedará nunca. Que buen consejo. Ahora sí, para ir a casa tengo que conseguir un taxi seguro. Uno que no me secuestre, ni me mate. Por lo menos no esta noche. Noche en que esta china, empezará a trabajar para mí.
9. Taxi
Y nos subimos al primer taxi que pasó. No me importó. Porque desde la ventanilla le hicimos de la mano al policía, claro para que el taxista se de cuenta que estamos con la ley, y así no nos secuestre ni nos mate. En el taxi deberíamos ir callados pero yo le pido el nombre a la chinita. Se me hace feo decirle todo el tiempo "china" "china", a cada rato “chinita”. Además tendré que presentársela a mi mujer de alguna manera. La china me da su nombre. Pero no le entiendo. No le entendí un carajo ¿por qué? Porque me habló en chino la desgraciada ¡¡Por qué mierda me hablas en chino!! Yo reclamé. Sabes cinco o seis idiomas dímelo en español. ¡¡Te burlas de mis limitaciones!! ¡¡Te burlas cruelmente de mis limitaciones!! (Pausa) ¡Y claro! Si fue bautizada en China por eso me dijo su nombre en chino, se lo pusieron allá (Pausa). Me vale mierda, te puedo inventar cualquier nombre le dije. El que se me cante la gana. "María" te puedo llamar. "María" y san-se-acabó. (Pausa) María. Pero quiero saber cómo te llamas originalmente. Yo soy Agamenón y quiero saber tu nombre. Tengo ese capricho. Saqué papel y pluma de mi maletín. Y le dije escríbeme tu nombre aquí, en español, con letras que yo pueda entender. La amenacé. Le hablé fuerte. Ella con miedo si lo hace. JO-CHI LEE. Escribió de apellido "LEE" ¿Tú me estás viendo la cara de cojudo? No te puedes llamar como la marca de un pantalón “LEE”. Te sigues burlando de mí. Le iba a pegar una nueva bofetada porque estoy seguro que a las chinas sí se les puede pegar. En China no te vas preso. Alcé la mano, pero en un momento dentro de mi efusividad camino al abofeteo... me detengo... y me digo a mí mismo... ¡Sííí! Ella sí puede tener de apellido LEE. En China sí pasaría que haya gente con apellidos de marcas. Y mucho más de marca de pantalón, claro está. Y en vez de pegarle le di un abrazo. Un abrazo de oso y exclamé: ¡LEE! ¡Me fascina! de ahora en adelante te llamaré María Lee. Ella sonrió tan entusiasmada como yo. Qué bonito. No me había dado cuenta que con las flores se había hecho una coronita. Ahora ya sonreía con la coronita de flores en la cabeza. No se le veía mal. Ahí mismo le dije al taxista: Cambie de rumbo señor voy a llevar a comer a María Lee, llévenos al restaurante del Hilton que seguro está abierto. El taxista al escuchar mi voz cambio de rumbo. Seguro el restaurante del Hilton abre toda la noche porque la gente que tiene plata come a la hora que se le da la gana. Estas flores le han arreglado la facha a la señorita Lee y merece que todos la vean. La voy a mostrar. Porque de China también pueden salir cosas hermosas ¿O no señor taxista?
10. Hilton
El taxi nos dejó botados en la esquina del Hilton. Mejor. Así piensan que venimos estacionando el carro. En la puerta el guardia muy amable me da las buenas noches porque en este tipo de lugares la gente te saluda. Porque están entrenados. Me gustan la gente entrenada. Aquí los entrenan para recibir clientes de plata. Y para parecer honrados porque su clientela es muy honrada. Luego me preguntó si tengo reserva, es que a estos sitios se viene con una buena reserva. Por supuesto le dije que no tenía... que era mi primera vez y esperaba que me traten muy bien como para volver la próxima semana. Lo sorprendí con mis palabras y no le quedó otra opción que dejarme pasar y darme la mejor mesa. Así que nos llevaron a la mejor mesa: la mesa central. Está justo en el medio del salón, arriba una lámpara de techo, enorme, como referencia es la mesa más luminosa de todo el restaurante del Hilton, es decir "La mesa principal". María Lee encantada. Rápidamente pedí que me traigan el menú. Pero el menú en “francés” porque esta china habla más de cinco idiomas entre ellos el “francés”. Mesero sorprendido no le quedó otra que ir a buscar un menú en francés. Esta mujer me está haciendo sentir importante. Porque ahora que recuerdo... mi esposa no solo es una mugrosa sino que a duras penas habla bien español y con ella no podría estar aquí nunca. El mesero tardó, tardó un poco, pero volvió y trajo el menú en francés. Idioma glorioso. Francés, lengua de Napoleón. De Baudelaire y de Zinedine Zidane ¿Pueden imaginarse a Napoleón hablando en francés? o mejor aún ¿Pidiendo auxilio en francés? Gritando por su vida mientras se lo devoran en Waterloo. Claro él no pedía “ayuda” ni “auxilio”. Tampoco decía "help" "help me". Él decía.... decía... ¿Qué decía? ... ¡Aidez-moi! ¡Aidez-moi! … ¿Qué les parece? ¿No es lindo? ¡Aidez-moi! ¿No suena glorioso? ¿No suena lindo aun en los momentos más difíciles? ...Hagan algo bueno por sus vidas y aprendan francés. (Piensa) ¿Qué se ha dicho de buenoen español? ¿Algo para la historia? Nada. Nada relevante. Cualquier cosa que se haya dicho en español es olvidable. Enteramente olvidable. Eternamente olvidable. (Silencio) Mientras esperamos la comida... y luego, mientras comíamos, no crucé ni una sola palabra con la señorita Lee. Cada uno en su plato. Me sentí de primer mundo. No recuerdo cómo se llamaba lo que nos habían traído. La china había ordenado por mí. Al final de la cena dejé unos billetes sobre la mesa, el pago por la comida y la propina. Los tiré en la mesa porque no quería entablar conversación alguna con el mesero. Yo estaba un poco mareado. Excitado. Salimos corriendo. Con María Lee nos fuimos para mi casa con toda esa carga emocional que nos dejó la noche. No nos habíamos tomado la jaba de cerveza en aquella tienda en el centro pero sí nos zampamos dos botellas de vino de Borbón en el Hilton. Borbón que me dejó encendido para enfrentar a mi mujer. Tan arriba tenía la adrenalina que volví para mi casa caminando. Del Hilton a mi casa en Samanes a pie. La chinita se dormía en el trayecto pero igual me escuchaba. En un momento algo trascendental se me ocurrió. Le íbamos a decir a mi mujer que María Lee “la china” era mi amante. Que teníamos años viéndonos y había llegado el momento de revelar ese secreto que me atormentaba. Eso me dio más ímpetu para enfrentar el camino. Hasta que llegué a la puerta de mi casa, allí se me vendría otro pensamiento: seguramente mi mujer no me creería la historia y soltaría una sonrisa de costado solo para herirme. Mientras me mira, calcula dónde me dará la primera cachetada por mentecato, puesto que conoce mis gustos y sabe que nunca me encamaría con una china; el plan se me vendría abajo. Pero yo soy más astuto y para hacer verosímil mi relato definiría todo con una acción. Una sola y única acción que la dejaría perpleja a mi mujer. Le diría a María Lee que me pegue, que me dé una dura cachetada en frente de mi señora. Y punto. Cachetada firme y sincera. Fuerte. Una de esas cachetadas que sirven para despertar a la gente, no para dañar sino para aleccionar, uno de esos golpes que nos enseñaron nuestros padres a dar... y María Lee ¿Qué creen? Llegado el momento me daría una gran cachetada que me descalabrará todo y mandará al suelo. Y yo, en el suelo, no diría ni "mu". Me levantaría y quedaría parado al lado de ella. Duro. Inmóvil. Confirmando uno de los grandes principios del amor: El masoquismo, el placer sentido ante el maltrato de la persona amada. (Pausa) Eso sí le dolería a mi mujer. Esa demostración de poder dada por la china le confirmaría que somos amantes. Reflexionaría. Y en vez de botarme de la casa, se angustiará y caerá arrodillada ante mí pidiéndome perdón... a rogar perdón... se clavaría de rodillas en la baldosa, a suplicar que la perdone... perdón por todo el daño. Daño, que me ha hecho... (Pausa) Perdón, por el daño que me ha hecho y que me seguirá haciendo, por cierto. Porque esto no termina aquí...
11. Desayuno
A la mañana siguiente. Muchas horas después de aquella escena de dolor... María Lee estará ya instalada en la cocina... por orden de mi mujer, con el delantal de Tribilín puesto y la coronita de flores ajustada en la cabeza. Preparando el desayuno (Pausa) ¿Para quién? Pues para toda mi familia. Ellos disfrutarán extasiados de ese espectáculo que es la alimentación internacional China. Comerán hasta la gula. Lo devorarán todo como siempre: Mi mujer y los dos mocosos... En la cabecera de la mesa yo, orgulloso, tranquilo, sonriente, masticando 24 veces antes de tragar ¡Y nunca! ¡¡Pero nunca, nunca se imaginarán, que me he derrochado todo mi décimo... ¡Todito mi décimo! ¡¡¡Absolutamente todititititito mi décimo!!! (Risa muy larga)
Telón urgente.
*Obra registrada con derechos de autor
* * * * *
*Este texto fue escrito el 2 de enero del 2016 en un apartamento en Boyacá y P. Icaza, centro de Guayaquil, luego de las festividades de año nuevo.
*Pre-estrenada en el Festival Teatro Muestras del Museo Municipal en diciembre del 2016, elenco Andrés Otero y Denisse Córdoba.
*Estrenada en el teatro La Fábrica de Urdesa en marzo del 2017, con mismo elenco.
*Versión de la tragedia griega "Agamenón", el soldado que regresó de la guerra de Troya con una hermosa esclava provocándole terribles celos a su esposa.
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